19.8.06

Isla a dentro

Por más que nos consideren un monolito –lo mismo para atribuirnos colectiva inconformidad que cobardía generalizada -, nuestro dolor no vino por decreto, ni la angustia que compartíamos estuvo asociada al destino político, como se ha tratado de hacer ver mar afuera, sino a la posibilidad real de que Fidel nos falte físicamente.
Solo a quienes no hayan vivido la cotidianidad esencial de la Isla se les puede ocurrir que, en un momento tan dramático, el ciudadano común de este país fuera a preocuparse de otra cosa ajena a la vida de uno de los pocos jefes de Estado profundamente amado por su pueblo.
Quienes están obsesionados con nuestra “libertad”, deberían entender la incongruencia entre esa palabra y el entusiasmo por descalificar, acorralar y humillar a los que vivimos en Cuba.

Rosa Miriam Elizalde

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